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La Junta de los Ríos
El
lugar conocido como la Junta de los Ríos, donde se une el río Alcobilla
con el río Bullaque, ha sido utilizado tradicionalmente por la población de El
Robledo y de los pueblos y aldeas cercanos como lugar de esparcimiento en
primavera y verano. Existían también aquí huertos como así lo atestiguan
algunos árboles frutales tales como guindos y membrillos que hoy se encuentran
asilvestrados.
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A la zona se puede acceder por el camino que desde el mismo
pueblo discurre paralelo al río por la margen derecha, siguiendo el sentido de
la corriente, hasta llegar al vado por el que se puede cruzar. Desde la aldea de
Las Islas, situada a dos km. también se puede llegar a este punto, tomando el
camino que sale de frente una vez atravesado este núcleo de población, y que
nos conduce al vado por la margen izquierda. Además desde Las Islas se puede
llegar directamente al paraje de Tabla Rubia, aguas abajo desde la Junta de los
Ríos, tomando el camino a la izquierda una vez atravesado este núcleo.
En la Junta de los Ríos, existen tres viarios interiores
que permiten un interesante paseo por el paraje: uno que recorre el espacio en
toda su longitud como es el camino perimetral que delimita la finca por el este,
con una anchura media de tres metros y una longitud de 600 m. Aproximadamente,
manteniendo una cubierta arbórea y arbustiva en muy buenas condiciones. Otro
que discurre cercano al río limitando la finca por el oeste con una anchura
media de un metro, pudiendo considerarse más una senda que un camino. Y otra
senda de recorrido irregular en la parte central, que parte del camino de acceso
y confluye en el extremo final del espacio con el camino perimetral y con la
senda del río.
Se trata de un tramo de río que ha modelado su cauce en
zonas de pendiente poco pronunciada, ya que las aguas del río Bullaque se ven
frenadas al unirse a las del arroyo Alcobillas, deposita la carga de fondo que
arrastra dando lugar a acumulaciones de cantos rodados en el cauce. Con estos
depósitos aluviales, el río ha ido generando un sistema de canales
entrelazados en el cauce. Éstos, al ser abandonados por la corriente fluvial,
dan lugar a una morfología de brazos o, como se conoce aquí cachones, que
provocan cambios en la pendiente del terreno en los alrededores de la corriente
principal. Ejercen la función de disipar el exceso de energía en épocas de máximas
avenidas. Se producen también, por el mismo proceso, superficies aisladas que
se cubren de vegetación, como en este caso frente a la casa de las Cábilas,
donde se encuentra situada una pequeña formación de sauces con un alto grado
de conservación, que se encuentra aislada de la orilla sólo en épocas en las
que se mantiene un caudal de agua suficiente. Cuando esto no ocurre, se puede
acceder a esa pequeña isla. De aquí deriva el topónimo que tiene cierta
frecuencia en esta zona de Islas.
La vegetación actual de la zona prácticamente coincide
con las formaciones de bosques de ribera, en este caso fresnedas, sin embargo,
no es homogénea y mantiene en ciertas zonas diferentes niveles evolutivos,
encontrándose mezclada con especies de repoblación.
Destacan las alamedas, de las que encontramos dos
conjuntos:
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Una alameda con olmos, zarzas y espinos que se ubica en la
zona perimetral y de accesos. La especie dominante es el chopo lombardo (Populus
nigra var italica) y tiene como orla acompañante olmos, zarzas y espinos. No
obstante, le acompañan todo un conjunto de especies propias de la serie, así
como otras del monte mediterráneo.
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Otra alameda con sauces, majuelos y juncos que se ubica en
la orilla. Igualmente, la especie dominante en el estrato arbóreo vuelve a ser
el chopo lombardo enriquecido especialmente con sauces, algunos olmos y algún
álamo negro. En el estrato arbustivo dominan los juncos churreros y los espinos
albares, a los que le acompañan las zarzamoras. El elemento diferencial con
respecto a la anterior formación es su presencia cercana al cauce del agua,
condicionando el desarrollo de especies más hidrófilas como es el sauce que
tiene un dominio mayor.Además encontraremos saucedas, que ocupan la zona en
contacto con el cauce del río, diferenciándose dos especies: Salix atrocinerea
y Salix fragilis. Igualmente aparecen álamos y fresnos de manera discontinua.
Le acompañan en el estrato arbóreo juncos y zarzas, teniendo una notoria
presencia el estrato herbáceo.
Por último, un pastizal con escoba blanca. Se sitúa en la
zona central del área y constituye el nivel más alto de degradación de la
zona. La presencia de algunas especies frutales como membrillos y cerezos nos
advierten que este espacio se aprovechó hasta hace muy poco como huerta. En el
estrato arbustivo, aparece de manera más o menos discontinua la escoba.
En cuanto a la observación de fauna, adquieren mayor
importancia las aves que se localizan en este enclave tales como carboneros,
herrerillos, ruiseñores, mirlos, alcaudones, lavanderas, jilgueros, mitos,
pinzones, petirrojos, verderones, oropéndolas... Con bastante frecuencia se
pueden observar garzas reales, garcillas y martines pescadores.
Entre los mamíferos que se pueden encontrar en la zona,
mantiene un puesto destacado la nutria común, por ser una especie indicadora
del nivel de conservación del medio acuático, pudiéndose considerar al río
Bullaque como uno de los escasos ríos de Castilla La Mancha que mantienen una
población apreciable de este mamífero. A lo largo del cauce se pueden
encontrar numerosos excrementos de este animal.
La fauna piscícola se
caracteriza por la rareza de
elementos autóctonos y una gran densidad de especies endémicas presentes que
se encuentran con diversos grados de amenaza como por ejemplo la comilleja,
calandino, cachuelo, barbo cabecicorto, barbo comizo o la boga de río.
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El
Cordel de Navalrincón
Con 37 metros de anchura, es uno de los
ramales principales de la Cañada Real Toledana, nombre con el que se conoce en
esta comarca a la Cañada de 70 metros que se inicia en tierras segovianas y
desciende hasta Andalucía y Extremadura. Estas vías pecuarias se han venido
utilizando desde el Siglo XI por los serranos que transhumaban con sus rebaños,
buscando tierras cálidas para pastar en invierno y por los habitantes de esta
comarca como vía de comunicación, principalmente con otros pueblos de Toledo
como Los Yébenes, donde se desplazaban con sus caballerías para comprar abono
con el que enriquecer los suelos para el cultivo. El cordel se desvía de la Cañada
Real Toledana a unos 150 metros bajo la presa del embalse de Torre de Abraham, y
se divide en dos cerca de Santa Quiteria. Por un lado, se dirige hacia Alcoba y
Horcajo. Por el otro, hacia Navalrincón. Desde aquí sale de la Mancomunidad de
Cabañeros y atravesando las sierras de Piedrabuena cruza el Guadiana por el
Puente de Retama, en el término de Puebla de Don Rodrigo.
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Nuestra ruta se inicia en el punto en que el cordel
abandona la Mancomunidad por el sur y se recorre en sentido norte. Sale del
carreterín que se dirige a la aldea del Alcornocal antes de llegar a las Casas
de Ochoa. En este punto, el cordel aprovecha la boca que el Arroyo del Guijo ha
formado entre las Sierras de Navalajarra y Navalaencina, para verter al Bullaque
cuyas riberas vemos de lejos a nuestra derecha. Se dirige a la aldea de
Navalrincón en forma de camino rural, recto y con buen firme, pero con una
anchura mucho menor que la real. La Sierra de Navalajarra queda a nuestra
izquierda con sus laderas pobladas de monte y cultivadas con olivares. Podemos
ver como alrededor de las pedrizas el matorral tiene un mayor porte, produciéndose
en las cumbres grandes afloramientos de la roca madre cuarcítica que forman las
crestas de las sierras. La raña cubre el valle del Bullaque cultivado de
cereales, y de alunas parcelas de lino que tiñen de azul turquesa los campos en
primavera. La falta de arbolado en el paisaje denota una fuerte intensidad de
explotación. A los 4 km. de recorrido, llegamos a la aldea de Navalrincón que
atravesamos siguiente recto. En un kilómetro más, cruzamos la carretera de El
Robledo divisando la aldea de Las Tablillas a nuestra derecha. Nos encontramos
en una llanura cerealista con abundancia de aves esteparias como sisones y
gangas y donde a veces se ve a la rara avutarda. Iremos atravesando los vados
que cruzan el Río Alcobilla y el Arroyo de los Pescados, que en épocas de
lluvias se tornan infranqueables. Como alternativa se puede utilizar el carreterín
de Las Tablillas a Santa Quiteria, que habremos pasado entre estos dos vados.
A unos 2 km. se acaba el camino rural debiendo guiarnos a
partir de ahora por los mojones que señalan la anchura del cordel. Entramos en
los campos descepados y roturados en los años 50 y 60 por los colonos de Santa
Quiteria para los usos agrícola y ganadero. Algunos álamos y chopos a los
lados del camino indican la cercanía del nivel freático, y pronto caminaremos
bajo la sombra de grande encinas y quejigos rodeados de abundantes espinos y
torviscos.
Unos 400 metros después de dejar el camino, pasaremos al
lado de un nido de cigüeñas, acompañados de abejarucos y multitud de pequeños
pájaros típicos de zonas cultivadas como las cogujadas, bisbitas y alondras, y
otros de zonas con arbolado como las abubillas, alcaudones y rabilargos. Sin
duda iremos bajo el vuelo de buitres y milanos por lo que conviene ir siempre
alerta.
A este punto se regresa para realizar una ruta circular que
nos permita vivir mejor los encantos de esta comarca. Por tanto, y aunque
podamos recorrer el cordel de seguido, se prefiere dividir lo que queda en dos
rutas circulares.
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A 500 metros del nido de cigüeña cruzamos un pequeño
puente y una gran alberca. Una valla ganadera limita el cordel por nuestra
derecha. Los tamujos (arbustos espinosos propios de los cauces de los arroyos)
abundan bastante y las cumbres de la Sierra del Chorito asoman en el horizonte.
El arbolado hace muy agradable este tramo hasta que pronto el cordel se ve
cortado por la primera de las 7 puertas ganaderas que tendremos que atravesar.
Excepto las últimas que están cerradas con candado y hay que saltarlas, todas
las puertas se pueden abrir. Esto es sólo en teoría, ya que si hay ganado
vacuno pastando en la práctica el cordel está cortado. Si bien el cruzar
tantas vallas supone un inconveniente para la ruta, nos brinda la oportunidad de
conocer a los pastores y enriquecernos con su sabiduría.
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En la primera puerta, el camino rodado gira bruscamente a
la derecha hacia la casa del Brezoso o de los Carrasco, mientras el cordel
continúa recto pasando por las puertas. Es aconsejable preguntar al pastor de
la finca quién, después de un rato de grata conversación, nos podrá indicar
cómo retomar el cordel. En esta explotación ganadera reutilizan grandes depósitos
de hierro para almacén de pienso y agua. En medio del ganado, bajo el sol, se
consumen poco a poco los restos de un tractor alemán LEN, uno de los primeros
que se utilizaron en el cultivo de estas tierras. Sin duda veremos los
abundantes cernícalos que anidan en las ruinas de las casas.
El cordel continua hasta llegar a la carretera entre vallas
ganaderas. Iremos serpenteando entre viejos quejigos sin un camino diferenciado.
Segunda puerta. Tras pasarla aparece un camino rodado que va paralelo a nuestra
derecha y que se junta con nuestra senda justo antes de la tercera puerta que es
de palos. Los mojones están marcados con el 77 y 78. Continuamos pasando la
cuarta y quinta puerta donde están los mojones 69 y 70. Ya vemos la raña y la
Sierra del Chorito casi en primer plano, y El Rostro a nuestra izquierda. Tras
divisar un milano real que estaba posado en un poste llegamos a las ruinas de
Los Calaverones, con una pequeña presa donde anidan 11 cigüeñas. Sexta
puerta, se pasa. La última puerta de hierro está junto a la carretera de Santa
Quiteria a Pueblo Nuevo del Bullaque, y es la única que está cerrada aunque se
puede llegar a saltar.
Una vez en la carretera ir a la izquierda hacia Santa
Quiteria que está a unos 6 km. al sur.
Se pasa por una mancha de sauces y zarzas en el primero de
los arroyos que bajan de las rañas de la Sierra del Chorito. A km y medio está
un observatorio de aves junto a la colonia de cigüeñas del Parque Nacional de
Cabañeros, a la derecha de la carretera, según el sentido de la marcha, con
nidos sobre pequeñas encinas casi a ras de suelo. El camino hasta el pueblo
transcurre por la raña entre cultivos y explotaciones ganaderas. Habrá que ir
atento al cielo pues nos sobrevolarán multitud de buitres y rapaces. Un km
antes de llegar a Santa Quiteria nos sorprenden varios robles aislados,
seguramente restos de los bosques existentes. Dejando atrás el polideportivo,
nada más pasar el Río Alcobilla que cruza bajo la carretera cogemos un camino
a la izquierda que bordea el río. Se llega a otro camino que, atravesando una
zona de mesas bajo grandes encinas, nos conduce de nuevo al río. Nada más
cruzar el río, se toma el primer camino que sale a la derecha. Estamos de nuevo
en el cordel, en la parte que se dirige a Alcoba. Siguiendo todo recto junto a
los encinares cercanos al río, se pasa frente al Mesto de Santa Quiteria, un
gran árbol híbrido entre encina y alcornoque, que destaca en medio de una zona
cultivada con abundancia de pastizales encharcados en invierno. Merece la pena
acercarnos a observarlo y si se tiene fuerza tratar de subir por una cuerda que
tiene instalada. Se puede acabar aquí, pero si se quiere cerrar la ruta, un
poco más adelante se conecta de nuevo con el cordel de Navalrincón.
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